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KERRÍÍÍCKKK, KERRÍÍÍCKKK
05/09/2014

Ilustración: Encarna González "niño".

Ya empiezan a marcharse las golondrinas. Nuestras oscuras golondrinas, las golondrinas de campo, las golondrinas de primavera.

Pero a cambio llegan otras del norte. Estas son golondrinas blancas, golondrinas de mar, golondrinas de invierno.

Son los charranes patinegros (Sterna sandvicensis), la alegría de la ría, cuyos reclamos: kerríííckkk, kerríííckkk, suenan por todo el litoral de la península Meca.

El charrán patinegro es un ave marina elegante, de color gris pálido uniforme, que se diferencia de las gaviotas por ser más esbelto, tener las alas más largas y puntiagudas y la cola ahorquillada. Tiene un penacho negro coronando su cabeza y su pico es fino, negro y con la punta amarilla. Patrulla mirando siempre al mar, con vuelo ágil y errático.

Su forma de pescar es una de las más preciosas de la naturaleza, pues realiza giros y cernidos, para lanzarse en picado y con gran maestría desde 10-15 m de altura a la captura de pececillos que se mueven cerca de la superficie.

A partir del mes de agosto los charranes patinegros comienzan a pasar por nuestras costas procedentes del N y O de Europa.

Desde sus lejanos lugares de cría bajan bordeando todo el litoral europeo en dirección a los cuarteles invernantes en África Occidental y Austral y pueden observarse en todas las zonas costeras españolas.

Aunque en invierno son escasos en la Península, en las Rías Baixas, sobre todo en la de Arousa abundan incluso en los meses más fríos.

Por toda nuestra franja de mar ya se pueden ver estos charranes y no fallan en puertos como en el de O Grove, Meloxo o Pedras Negras por donde patrullan aprovechando que los bancos de peces pequeños buscan refugio en los muelles.

Suelen descansar en playas arenosas cercanas a humedales como en la desembocadura del Umia, isla de A Toxa o península de Arnosa y también en las bateas de mejillón de la ría, llegando a contarse en invierno al anochecer y en una sola batea, 340 charranes patinegros.

Una vez más esta ave es otro bioindicador de buena salud, pero en este caso del mar. Son la prueba de la gran riqueza biológica de nuestras aguas, ya que indican que todavía hay abundancia de peces jóvenes de los que se alimentan.

Kerríííckkk, Kerríííckkk, sonido de otoño.

Ya han vuelto las blancas golondrinas. Otra vez es primavera, la primavera de los charranes, la segunda primavera.

 
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