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COMPARTIENDO SOL Y PLAYA CON EL CHORLITEJO PATINEGRO
15/07/2016

Chorlitejo patinegro juvenil de las playas de O Grove. Fotografía de Juan Gómez.

Es posible que lo hayas visto corretear por la arena de tu playa favorita, pero ¿sabes por qué comparte toalla contigo? Los arenales son el lugar de cría del chorlitejo patinegro, una inquieta y rechoncha ave habitual de la costa mediterránea y que también está presente en Galicia. Su estado de conservación es vulnerable y, a veces, la presencia del ser humano no ayuda, sobre todo en época reproductora. Pero estas molestias, que pueden acabar afectando a las crías, se pueden minimizar. Ayuntamientos como el de O Grove ya han dado el paso.  Ahora falta el resto.

Cuando llegan los puentes y las vacaciones se extienden sombrillas, sillas, toallas y neveras. Los visitantes  corren, practican deporte, extienden sus parapentes o pasean a sus perros olvidando que comparten playa con una especie que no pasa por su mejor momento. De hecho, la actual población reproductora de chorlitejo patinegro o píllara das dunas (como lo conocemos en Galicia) muestra una tendencia negativa desde hace años. La principal causa de esta regresión se debe a la fuerte presión que soporta en su principal hábitat de cría, los arenales. Dicha situación le ha llevado de cabeza a ser catalogada como Vulnerable en el Libro Rojo de las Aves de España. Además, está incluida en el Anexo I de la Directiva de Aves.

El chorlitejo patinegro es un ave limícola y, como tal, se alimenta rebuscando entre las algas que traen la marea y el oleaje. Estas plantas marinas, que suelen verse como suciedad o molestia en la playa, juegan sin embargo un papel fundamental para el ecosistema: fertilizan el mar a través del lixiviado de los nutrientes y proporcionan refugio a una amplia variedad y riqueza de invertebrados. Pero hay más: la falta de vegetación en las playas lleva a las especies que las habitan a depender de estos aportes externos venidos del océano para obtener el alimento necesario. Y entre los depredadores de estos invertebrados de las algas, se encuentra el chorlitejo patinegro, que se beneficia de tan escaso recurso durante todo el año.

En invierno, los chorlitejos tienen la necesidad de hacerse con más recursos para poder crear una capa de grasa protectora pero es la temporada reproductora la que le demanda un mayor esfuerzo para poder alimentar a su prole. Suelen criar unos tres pollos en cada puesta. Antes de nacer, los huevos son depositados en la arena, sin ningún tipo de protección. La hembra simplemente los deja semienterrados y el aspecto críptico de los huevos –moteado y de color similar a la arena- hace todo el trabajo. La misión es pasar completamente desapercibidos.

El sistema de playas y dunas no solo juega un papel importante para la alimentación de esta especie, sino que se trata de su nicho ecológico, en el que además crecerán las futuras generaciones.

El principal obstáculo al que se enfrentan ahora las poblaciones de chorlitejo es que algunas actividades de mantenimiento del turismo en las playas, al principio consideradas como inocuas,  impactan sobre la especie. Es el caso, por ejemplo, de la limpieza mecánica de las playas o el paso de máquinas cribadoras que provocan la pérdida de un hábitat singular, la retirada de acumulaciones de algas -lo que deja a la playa sin sus beneficios- y, en ocasiones, puede suponer la pérdida de nidos de chorlitejo patinegro.

La especie no solo sufre la presión de las máquinas, sino también la del ser humano: las pisadas o la presencia de perros en la playa, que pueden llegar a depredar los nidos, pueden afectar de lleno a las poblaciones de chorlitejo.

El Concello de O Grove, en Pontevedra, ha comenzado una campaña para proteger a la  especie mediante la conservación y correcta gestión de sus playas, ya que la gallega es la única población reproductora de la costa atlántica. Entre otras medidas, el ayuntamiento ha cambiado las papeleras del interior de los arenales por contenedores en la zona de aparcamiento. De esta manera se elimina un foco de atracción de depredadores y se evita que el vehículo de retirada de residuos tenga que pisar la arena. Además, en aquellas playas donde cría esta especie, se ha retirado la máquina cribadora, que pasa sólo puntualmente después de grandes arribazones por fuertes mareas o temporales y con la correspondiente autorización de Conservación da Naturaleza.

O Grove quiere demostrar que el uso turístico de las playas y arenas es compatible con la conservación de los hábitats y las especies. Las actuaciones previstas por su Concello pueden contribuir a preservar un ecosistema muy particular, como es el de las playas y el frente dunar de este municipio, y suponer significativos aumentos en la diversidad y abundancia de aves y de otras especies exclusivas de las playas.


Con esta propuesta, el Concello de O Grove da un paso de gigante hacia un nuevo concepto de integración del uso turístico con la conservación del patrimonio natural dentro de la recientemente creada Reserva Ornitológica SEO/BirdLife de O Grove. Con seguridad, servirá de modelo para que otros ayuntamientos con playas y dunas donde también cría esta especie copien su modelo.

 
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