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EL OBSERVADOR DE AVES Y SU EQUIPO
Wednesday, 02 March 2016 11:14

La observación de aves es una actividad muy placentera y que cada día cuenta con más adeptos.

A diferencia de otras aficiones, observar aves puede realizarse con una escasa inversión en medios. La mejor herramienta para el observador de aves es la paciencia, pero la paciencia hay que ayudarla con un pequeño equipo para que la salida al campo sea provechosa.

El utensilio básico y principal del observador de aves son los prismáticos, sobre todo si las observaciones se van a realizar con un paseo a lo largo de un sendero (como puede ser el que transcurre por el entorno de Mexilloeira y laguna de A Bodeira). Unos prismáticos pequeños y luminosos son los más recomendables, como los de 8x30, 8x42 o 10x42.



Si en la jornada de campo vamos a identificar aves a larga distancia y en un punto fijo de observación, lo que suele ser común para aves acuáticas, (como las que se observan desde los observatorios ornitológicos que hay entorno al Complexo intermareal Imia-O Grove), o aves marinas (como las que se ven desde el observatorio de A Pantoeira en la bahía de A Lanzada), entonces el uso de prismáticos debe completarse con un telescopio. El telescopio puede multiplicar por seis el alcance de los prismáticos, lo que transforma por completo la experiencia del observador, pero suelen ser instrumentos caros, que además necesitan ir acoplados a un buen trípode y por lo tanto el peso puede superar los cinco o seis kilos.

Otro utensilio imprescindible para progresar en el conocimiento de las aves son las guías de identificación. Las guías de aves deben cubrir la totalidad de las especies que podemos ver habitualmente en un territorio. Las mejores guías son las que muestran dibujos de aves y no fotografías, ya que con las ilustraciones se pueden mostrar los rasgos de cada especie de forma homogénea respecto a otras similares. Es importante que la guía resalte las características de las aves que las diferencian de otras especies, que cuente con mapas claros de distribución, que tenga descripción de hábitat y que muestre el status de cada especie en la Península Ibérica.



También es fundamental llevar al campo un cuaderno. En este cuaderno de campo, que se recomienda sea de bolsillo, apuntaremos: el día de la observación, el lugar donde realizamos la observación, el nombre común o científico del ave y la cantidad de aves vistas. Si tenemos dudas con la identificación podemos realizar un dibujo esquemático resaltando los detalles de la anatomía del ave o describir de forma concreta y precisa aquellas características que nos ayuden más tarde a identificar el ave.

Ya por último decir que la vestimenta del observador no sea demasiado llamativa, y lo más importante, que su comportamiento sea lo más discreto y silencioso posible y sobre todo que tenga una conducta ética tanto con las aves como con sus hábitats. Un buen comportamiento hace que el observador de aves se convierta en un embajador de la conservación.

 
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