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DESDE LOS LAGOS DE ISLANDIA
Tuesday, 08 December 2015 15:59

Ilustración de Encarna González "niño".

Hay un ave extraordinaria que pasa el invierno en nuestras costas.

Es un animal sagrado para muchas tribus de Estados Unidos y en las películas americanas donde sale algún lago es frecuente oír su canto. En Canadá es un símbolo y la moneda de un dólar lleva su imagen y su nombre (loonie).

Aquí poco se conoce. Es el colimbo grande (Gavia immer). Hermosa ave acuática de color blanco y negro, ardonada en época nupcial con motas blancas sobre su dorso. Su cabeza grande es casi negra, con iridiscencias verdes. Los ojos son rojos, y el pico largo y afilado.

Es un hábil nadador y un buceador muy agil que puede sumergirse gracias a sus patas palmeadas hasta unos 60 metros y mantenerse bajo el agua por varios minutos recorriendo grandes distancias.

Se distribuye por América del Norte, Europa y Asia.

En nuestro continente sólo se reproduce en lagos de bosques boreales y de la tundra de Islandia, sin embargo en invierno abandona los lagos de este frío país y baja hacia el sur, hacia aguas litorales: estuarios y rías europeas, transformándose en ave marina.

Llega a España, donde es escaso y ocasional, a excepción del litoral cantábrico y gallego donde es regular, y O Grove cuenta con una de las zonas de invernada más destacables.

Es en la bahía de A Lanzada donde se concentran los colimbos grandes y el mejor punto para su disfrute, el observatorio de A Pantoeira, al norte de esta playa.

En noviembre comienzan a llegar a la bahía (este año se han visto por vez primera el día 21), por donde se dispersan durante el día en busca de alimento, luego se agrupan al oscurecer para pasar la noche y así hasta la primera quincena de Mayo. A partir de aquí y luciendo plumaje nupcial, sienten la llamada de los lagos y desaparecen. Toman rumbo norte. Islandia los lleva.

Hoy 8 de diciembre ya se contaron 6 ejemplares en A Lanzada, pero pueden llegar hasta 20 mobellas (su nombre en gallego).

Pero si algo tienen de especial los colimbos grandes es su canto, de extraña belleza. Un alarido melancólico que llega al alma y lleva muy lejos, hacia los lugares solitarios donde han nacido.

Si algún día oyes cantar al colimbo, no lo olvidarás jamás.

Observando colimbos en A Pantoeira.

 

 
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